Verdades

   Mi madre me habló del viejo mundo antes del diluvio, decía que era distinto, infame; me relataba historias horrorosas de mi padre y de los demonios del inframundo mientras trenzaba mi cabello, decía que todo estaba perdonado pero no olvidado, y la oscuridad en sus ojos se tornaba más grande que la luz.

Sus palabras fluían como olas, me dijo que todo estaba bien como estaba, que todo ocupaba su espacio en el pasado y en el aquí y el ahora. Y cuando hablaba de esa manera algo se apoderaba de ella y tiraba mi cabello mientras lo trenzaba, como si quisiera castigarme por algo que moraba en un lugar muy profundo dentro de ella, algo que la arrastraba desde el centro (como el hambre que no puede ser satisfecho).

Y entonces habló del ayer como si estuviera justo en frente de sus ojos, como si el hoy no fuera más que un velo que ensombrecía todo lo que para ella era real. El viejo mundo volvió a asecharla, como un fantasma que le susurraba en sueños como erigir el nuevo mundo piedra por piedra; fue entonces cuando supe que nada cambia, que todo permanece inalterable.

La rueca gira, vuelta tras vuelta, un destino ligado al siguiente, un hilo rojo, como la sangre que enlaza nuestros actos. Uno no puede desatar sus nudos, a penas pueden ser cortados; el cortó los nuestros, con una hoja afilada, y aún así, algo no pudo ser cortado, un lazo invisible; algunas noches tira de el, despierto sobresaltada sabiendo que nada deja de ser, que todo permanece.

-Dark, Ep.5