Todos para uno

"Qué milagro" dice, y sonrío con falsedad, indiferencia asesina con atisbo de amabilidad sarcástica, y de pronto sólo desearía con todas mis fuerzas ser verdaderamente transparente y traspasable,  masa incorpórea y con halo de escalofrío a muerte, quizá nunca fui real. Caminan los tres mosqueteros, conmigo siempre a sus espaldas, los hombres de blanco; el gigante White inmaculado nunca espera, nunca voltea, da la impresión de que sabe que el mundo siempre estará ahí siguiendo sus pasos, yo no consigo dejar de mirar atrás y ver si aquellos siguen el paso, si están ahí, pero nunca paro, es una ley silenciosa y absoluta conductual: "una vez que te pones a andar no puedes parar hasta llegar al final", así caminamos en fila o línea marcial, así yo siempre miro atrás aunque a mi sólo me miren espaldas que se alejan.

La caseta de Dios

"Algún día todos llegarán a ahí" dijo la voz, "la última parada, la caseta naranja". "No importa qué hagas, todos llegarán a ese lugar, porque todos los caminos llevan a ese sitio; y ahí, estará él".

Vuelo plenilunio

Insomnia nunca más vió los cables de luz, hizo acrobacias con el sueño no existente. Noche, oscuridad semiperpetua y luces que aparecen por rendijas breves.

Rodar bajo cama, en el hogar abandonado con la foto colgando del techo (puñalada al corazón), y una maleta para salir huyendo. Quizá solo un día deseas sacar todo y esparcirlo, esparcirse uno mismo.

Imploración

Con el tiempo uno se cansa, de respirar, de caminar, de seguir, levantar el teléfono, alzar la vista, hacer un simple gesto, reflejar algo de luz. Uno se siente muerto, un cadáver cuyas partes se caen una a una desbaratándose.

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