Simulacro del fin del mundo (Número algo)

Sueño, de una noche, un verano, donde la lluvia estaba pero nunca cayó y Ariel sin su voz y con piernas nuevas se internó en aquel baile donde cada paso no eran más que cien mil alfileres atravesándole.

A la mañana siguiente, aun con la daga en mano, no pudo asesinar, caminó a la orilla y esperando el cobro por su deseo se mantuvo ahí hasta desaparecer como espuma de mar.

Es hora de despertar.

62 400 repeticiones hacen una verdad.

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