Manos inertes

Luz cálida sin tintes fríos, mirando siempre desde arriba a aquel quien alza la mano tratando de sostener su calor, (aunque solo encuentra frío). Las gotas que resbalan por su cuerpo que no le pertenecen igual que nada, el frío que ya no siente y sin embargo la pequeña presión sigue ahí, gota a gota sus deseos de levantarse de ese suelo ahora inundado sólo se desvanecen; seguir ahí y así implica no decidir nada, no pensar nada porque ahí no pasa nada y todo lo externo sólo parece un juego vano que no es real. Pero debe bajar la mano, apagar la lluvia y volver.

Porque siempre vuelve.

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