Media sonrisa arriba

Aveves imaginaba que él aparecía, como un fantasma que no puede ser atravezado. Entonces lo imaginaba parado de frente a la entrada o la salida, detrás de un árbol o al girar la esquina; había algo que nunca cambiaba, tenía los ojos puestos en mi incluso antes de que yo llegara, a pesar de mirar hacía mi no paraba de verme como si no hubiera nada, como si fuera yo la que puede ser atravezada, y lo era, por esos ojos que no ven.

Entonces siempre sigue lo mismo, yo alzo mi mano, alzo mi mano y toco su rostro, pero él no despierta, él nunca despertará de aquel sueño.

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