Avoir le mal du pays

   En algún momento alguien presionó el botón (o dejó de apretarlo) y todo lo que como un sueño de nube se había ido formando a través del paso del tiempo simplemente se vino a bajo por su propia levedad. 

Ya no importaban entonces ni uno solo de los estigmas, al salir de día cesó la búsqueda de las aves o los aviones surcar el cielo, al caer la noche la luna no significaba más un puente infinito. 

De pronto los días dejaron de saber a desgana o apatía, pero dejaron de saber también a espera y esperanza. Fue un golpe profundo haber caído a las fauces de lo anodino sin siquiera notar el descenso o el desprendimiento de lo particular. Ya no latía el corazón, ya no vibraba mas el señor rojo dentro del alma, y cada vez era menos recordado el pájaro azul, o si éste terminaba ahogado gracias al pequeño John rojo con su wisky de trasnoche. 

Dejó de importar entonces si la puerta permanecía abierta o cerrada porque ya no había más un edificio. Como en las últimas cosas, un día al dar vuelta a la esquina solo quedaban vestigios de sombra.

Me pregunto si es triste que ya importe tan poco, no hay más razón para caminar hacia adelante pero tampoco para detenerse. A veces saltan aquellas letras que me obligué a recordar con etiqueta "querido yo del futuro, se que no soy del todo una adulta pero no lo olvides, no es cosa de niños: es real, es lo mas importante, para mi justo ahora es lo más importante, no quiero que olvides cuan importante es para mi".


"No todo desaparece con el paso del tiempo. En aquella época creíamos ciegamente en algo, éramos capaces de creer ciegamente en algo. Esa emoción no puede haberse desvanecido del todo".*





En algún momento llegué a sentirme parte de algo inmenso que me sobrepasaba, y decidí cuidarlo, observarlo, sentirlo, porque era un sitio que me hacía sentir en un hogar, una tierra que es mi tierra, ahora todo no es más que un Reminiscense of home, un puente al vacío, unas alas que no van, una tierra de la que fui desterrada. Ahora no cabe más un ir y buscar, un ir y esperar, porque no soy yo la que espera si no mi añoranza de una yo demasiado lejana a mi ahora, la yo con la desgarradura de alma a cielo abierto. Ahora no me queda más que una sentencia: Pero en aquel tiempo todo era verdad.



*Los años de peregrinación del chico sin color - Haruki Murakami

2 comentarios:

R. dijo...

Suu, no creo que sea momento de abandonarse a sí misma. Si perdiste un motivo, encontrarás más de sobra... es cuestión de esperar.

スウ dijo...

Solo me di cuenta que dejar perder el motivo es en parte dejarme ir a mi también.

Ojalá la espera no fuera sinónimo de daño.