Tierra ingrávida.

   Tenía fotos en su pared de personas que hace mucho se habían ido, la conocí en verano pero ella seguía hablando del invierno como si su vida siempre existiese tres mil pasos atrás del presente, para ella las estaciones nunca iban acorde con el calendario, las estaciones estaban  dentro, torno a su ser ella pintaba primaveras donde cabían hojas secas cayendo de otoño y como ya dije antes aveces en verano sacaba la nieve del invierno y creábamos en conjunto hombres de nieve sin nariz de zanahoria pero con sombreros elegantes. Florecían para ella las cosas aveces, uno de los siete días de la semana cada mes o mas. Toda concepción del tiempo era brumosa.

Mas de una vez la observé mirando el cielo aun en el anochecer mas nublado, "busco la Luna" me dijo un día y con el tiempo entendí que para ella la Luna era lo más parecido que tenía a una luz verde al otro lado del camino. Como una vía hacia si misma, siempre decía que la única cosa que recordaba y entendía de su pasado era la Luna.

Me contaba historias, cuentos de fantasmas y monstruos a quienes con el tiempo fui conociendo y sabiendo distinguir, un día llegaba y ella tenía en el rostro escrito que Monstruo1 le había dicho alguna palabra o que Fantasma4 se había dignado a aparecer ante sus ojos después de años. Gozaba tanto de hacerme creer que mentía, era su juego favorito y yo disfrutaba mucho verla tratando de convencer a la gente de que dudara de su franqueza, lo cierto es que ella era incapaz de mentir, por eso era tan maravilloso verla hacer que la gente dudara y al final sacar una sonrisa con tintes maliciosos.

Durante el tiempo que pasé cerca siempre me pregunté el porqué me había escogido a mi para escuchar su mundo, pero ahora me di cuenta que ella siempre ofrecía pedazos de su mundo a la gente, la única diferencia que hubo conmigo fue que yo me quedé ahí, ella hubiese sido capaz de entregar su mundo a cualquiera que la hubiese escuchado, eso no me hacía de ninguna forma un ser especial o singular en su vida. Y así de la misma forma como un día ella llegó a mi hablándome sobre los seres que existían solo entre las pastas de sus libros así se fue, sigo pensando que ante sus ojos debí de haber cometido algun error fatal, uno de esos para los que ella no concebía reparación alguna. Ella siguió mirando la Luna igual de solitaria en las noches de niebla mientras yo quizá esté ahora ahí ocupando uno o dos espacios entre las fotos de su pared, siendo otra de esas personas que ya no existen.

2 comentarios:

Hiro R dijo...

Leerte me inspira (ahora lo sabes).
¡Qué casualidad! ¿Conocemos al mismo invierno? No, no lo creo pero, así hay inviernos de destructivos consigo y con el exterior.
La luna nos abriga, la oscuridad se consume. Los personajes ficticios vienen, van, se quedan impresos en la pared.

Qué alivio tener de vuelta...
Y que nos hables de invierno de un modo tan natural.
La música de aquí me emociona.

スウ dijo...

¿No querías que lo supiera? creo que tus letras tienen más que las mías.

Si no es el mismo invierno al menos debe causarnos lo mismo.

Medio vuelvo, así cuando quiera irme de nuevo quizá solo medio me valla. Hay tanto callado que creo que fui yo el personaje ficticio que está ahora en la pared.

Me alegra verte por aquí.