Érebo

   Detente, respira, mira arriba, ¿logras ver cómo el sol ha empezado a salir ahora por el Oeste?, toma asiento, estamos viajando hacia el lugar de dónde vienes.

Paredes blancas, cortinas arrastran el suelo en las ventanas gigantes, un piano que no suena, suelo gris, escaleras con barrotes de madera, aquí, a la derecha, entre estos dos barrotes tu cabeza terminó atorada, el techo es blanco y no tiene estrellas, las paredes son lisas y antes, mucho tiempo antes eran cubiertas de papel tapiz, ¿habría aves?, suelo rojo, suelo rosa-rojo, no logras sacarte esa imagen de la cabeza pero ya no sabes a qué pertenece. En el asiento del gran piano sin cola, tocas las teclas una a una sin saber, pero una vez supiste, una vez alguien se sentó a tu lado y te enseñó una pequeña melodía ¿Seguirá guardada debajo del asiento?. Tocas las figurilas de cristal, todo se llena de verde y rojo y en la mesa de centro hay un trineo de santa en vidrio cortado, los renos parece que en cualquier momento saldrán volando con todos esos pequeños regalos rojos. El árbol llega al techo y aún tiene luces, las luces se alejan de las cortinas para no incendiarse. 

En la mesa hay un frutero, siempre pensaste que podrían ser reales pero nada real hubiera logrado vivir ahí, el cristal no se rompe, porque ha vivido más vidas de las que llevas, las puertas tipo bar siguen golpeando a las personas nuevas, nadie piensa que podrían volverse tras de si y golpear "ya te acostumbrarás" escuchas a alguien decir, amas ese rechinido de vaivén casi tanto como el chirrido macabro de la puerta principal al abrirse y vislumbrar la eterna oscuridad ¿Cómo puede ser un sitio tan oscuro e iluminado a la vez?. Pero ven, vamos llegando a la cocina, te has sentado de nuevo sobre los mosaicos y temes mirar por la ventana hacia el patio también en tinieblas. quizá si cierras lo ojos ahora aun puedas sentirlo, el aire que entra por la parte trasera, el tacto frío de los muebles y el falso traga humo que yace sobre la estufa, hay una sillas donde nunca te sientas y una puerta hacia otro mundo, subes los escalones y tratas de tocar el techo giras la llave hacia el lado opuesto y abres, sales y allá arriba esta Orion mirándote, hay una canasta de basquetbol y dos piedras gigantes, de esas que nunca supiste de dónde provenían, te subes en el extremo de lo que debió ser una ventana de un desván sin techo pero si con paredes, la puerta ya no cierra, dejó de importar que cerrara o no cuando él murió, la tumba de él está por ahí, en el sitio dónde solías acompañarlo por las mañanas, alguien ha pintado ahí como con sangre un corazón: 21-Septiembre-2006, incluso después de muerto el fantasma que lo seguía hacia apariciones, hasta que un día simplemente se cansó, o quizá también murió como todos fuimos muriendo. Desde que el murió dejaste de salir a ese patio, te olvidaste de la constelación lejana y de las miradas fortuitas a los pasantes por el balcón frente a tu habitación. 

Junto al comedor hay un secreto, llamado comedor 2, nadie lo usa excepto tu y aquellos a quienes sueles llevar, porque ese sitio tiene llave y puertas rojas que eliminan las miradas de aquellos que desean absorber vida. Allí dentro es tu mundo, hay una pequeña pizarra de gis y la mesa sin cristal, hay un baño al fondo a la izquierda como si se tratase del baño de un mundo a través del espejo y unos sofás grises junto a otra ventana gigante, hay un librero mediano pero más grande que el que tienes ahora ¿Qué le sucedió a ese librero?, dentro del clóset también hay libros, hay otro librero más en la bifurcación al baño, aquel pequeño espacio que olvidas tenía una segunda entrada, aquel espacio como ombligo del mundo dónde también había un mueble lleno de libros, el sitio sin luz.

Al subir las escaleras se escucha el aire zumbar, de balcón a tras-balcón, luces por todas partes, en el sitio embajada puedes mirarte de frente y saber qué eres, el sitio embajada decide a dónde irás, a tu derecha se encuentra el triángulo de las bermudas y más al noreste una mini Alejandría, al oeste está tu sitio y ten cuidado de llegar al sur o caerás en un abismo (eso si en el suroreste no llegas al sitio que hubiese sido mejor no pisar). En tu sitio todo sigue igual, hay un espejo  redondo y pecoso que te mira, se alza como un rey sobre su reino blanco medio desastre medio en paz, la segunda puerta tiene una palanca que sube y baja y huele a vivo, las cortinas rozan tus pies cuando yaces; y tras la tercera y cuarta puerta puedes esconderte pero nunca subir, puedes sentarte e incluso crecer. 

Pero es hora de volver, el sol se ha ocultado ya por completo por el Este y mañana cuando vuelva a salir saldrá por el Este, y tu ya no estarás en ese limbo si no en el infierno. 




Bienvenida de vuelta al infierno.

2 comentarios:

Θάνατος. dijo...

La descripción que haces de la casa (o ese lugar que te lleva al infierno) es muy bonita.
Me hace pensar en lo encantador que debe ser ese sitio.
También, me hace pensar en todos los recuerdos que guarda entre sus paredes... ¿Es un lugar que continua habitado o tiene muchos fantasmas?

スウ dijo...

Una persona la habita (o deshabita) y también quedan fantasmas y créeme que guardan sus paredes mas memorias de las que yo logré guardar en mi mente.

Si, una casa,con bellos rincones de silencio y vista a la luna cada noche, pero como las sirenas, seduce para acabar con tu vida pedazo a pedazo. ¿Será a causa de los muchos fantasmas? o quizá fueran los vivos.