Tan pronto que terminó siendo tarde


   De pronto me di cuenta que nada había pasado ¿Era eso?, sigo estando yo en aquella estación de autobuses esperando y mirando el reloj cada tanto mientras leo a Herman Hesse y su Ruta interior. La señora de enfrente a veces me mira, siento que todos me miran porque llevo ya horas ahí, trato de no pensar en cuántas horas han pasado o cuántas horas deben pasar; me obligo a no mirar hacia el pasillo de llegadas y trato de ignorar por completo la voz autómata que repiquetea una y otra vez por interfón anunciado las salidas y llegadas.


Cada tanto me abstengo de leer, las imágenes que proyectan las letras se nublan con la realidad que viene ya, ¿Qué hacer? de eso se llena todo, me alegro de haber cargado un libro, de tener con qué distraerme, de  no haber llegado tarde, incluso me alegro de tener que esperar, respiro hondo, camino un poco, busco chicles de pastilla, vuelvo a leer; ahora es el hombre de frente el que me mira de reojo. Soy la única ahí sola, soy la única ahí que lee, y soy la única que no se va. Pero han pasado a penas dos o tres horas, hubiera podido ir a ese otro lugar antes, a penas y pude dormir, no se qué estoy haciendo. De pronto me siento incómoda con todo, conmigo, con mis botas y mi ropa oscura, quizá por el negro también me ven. Debí haber llevado una chamarra, empieza a hacer frío dentro y afuera.

En mi mente danza un imagen, un hombre sube un callejón estrechó, entra a una casa sube al segundo piso, hay una mujer guapa, curvilínea y de cabellera espesa, alguien toca un piano, hay viento; parece oriente o Europa o algo latino, no tengo idea del qué porque aunque leo no logro saborear nada por completo. Me recuerda a Demian, hablan sobre el mundo bueno, el malo y esa pequeña línea divisoria la cual se cruza en una sola vía. No debería estar leyendo, porque no comprendo nada, pero si no leo tendré que esperar como todos los demás frente a la caja boba o peor aun enfocarme en escuchar la voz autómata y el pasillo por donde la gente no deja de pasar jalando maletas y sombras tras de si.

No, no puedo darme el lujo de estar mirando cuándo pase porque no sabré qué, ¿y si no pasa?, ¿y si pasan las horas?, ¿Cuánto tiempo será el límite?; miro el reloj, la voz sigue sonando, vuelvo a leer, sigo leyendo, alguien está parado junto a mi, alguien toca mi cabeza (¿Qué hacer? ), volteó hacia arriba y miro (¿Qué hacer? ), vuelvo a bajar la vista al libro (¿Qué hacer? ), termino la página (¿Qué hacer? ), pongo el separador (¿Qué hacer? ), cierro el libro (¿Qué hacer? ), lo guardo en mi mochila beige (¿Qué hacer? ). Vuelvo a mirar, cortocircuito.



Pero nada pasó, yo sigo leyendo, nadie está parado junto a mi, nadie toca mi cabeza, no despego mi vista de la página, la voz autómata se cansó de hablar, ya nadie entra ni sale, ya nadie me mira, la caja boba no emite más y la mujer guapa, el hombre parado de frente y el piano aun siguen sonando.

Nada pasó, yo sigo en la misma estación, ya no recuerdo qué hacía aquí o si esperaba a algo o alguien, nada pasó, nada pasa, nada pasará, sigo siendo la chica que lee en una estación de autobuses repleta de sombras.



4 comentarios:

Θάνατος. dijo...

Tengo el mal hábito de no comentar en cuanto lo leo.

Tengo también la interrogante: ¿Este suceso realmente pasó? ¿Lo viviste?
Supongo que hablas de la espera, larga espera... Supongo que en realidad sí esperabas a alguien pero sucede de igual manera que para esperar a alguien, tampoco se necesita estar en una estación.
¿Qué y a quién esperas? ¿quién y qué te asegura que en algún momento llegará?

Además, aunque te refugies en la lectura o en lugares repletos de gente, siempre te sentías lejana y ajena entre más pase el tiempo y entre más refugio busques entre tanta espera.
Supongo que así es la vida cuando entre tanta espera y miradas pesadas, te encuentras a ti mismo.

スウ dijo...

Todo es verdad hasta que dije que fue mentira.

Pasó, ¿lo viví?, larga espera, era una estación, mi sombra. No hay seguridad. No llegará ya.



Quizá fui yo la sombra y me abandonaron al entrar a esa ciudad.

paco pérez rivera dijo...

¡Todos esperamos! Es cierto lo que nos dijeron nuestros abuelos: "Quien espera desespera", aunque no debería ser así, de otra manera, ¿qué significa la fe? ¿qué la esperanza? Al final, podemos no llegar a nuestro destino, pero de algo estoy seguro, la espera valdrá la pena mientras nos mantengamos activos rumbo a su consecución, y activos a veces significa tomar trenes, y activos a veces significa esperar, y leer. La escritura tiene la bondad de construir mundos internos, y sin un mundo interno no hay brújula que nos lleve a ningún lado. Creo que la mejor manera de andar sobre el sufrimiento y la mortalidad, es acompañados de un libro que leer, pues en cada linea estamos construyendonos el destino, aunque eventualmente arrojemos el libro a la basura y nos subamos al maldito tren. ¡Hey! ¡Te abrazo con el corazón! Tu talento me llega muy hondo. No te paro de leer, aunque a veces, me suba al tren de la indiferencia y me olviden los sueños y la fe.

スウ dijo...

Quizá a veces importa más el camino que la meta, aunque el camino sea esa espera desesperada, ¿Es ahí dónde radica la importancia de la esperanza mientras el destino siga indefinido?. Gracias por tu abrazo Paco, parece que yo no paro de escribir, así que te subas al tren de la indiferencia o a otro tren siempre que gustes volver serás bienvenido.