Historias de Annie... y un fantasma



60 Minutos:
Todo se ve lejano y perdido. Yo usaría el término desierto, pero quizás he de aprender a jugar con las palabras, así como mi cabeza juega conmigo.
Va de la mano una gota de luz con una de aire. Se chocan y me dan de lleno en la cara, para que presencie el impacto de su unión.
Casi inerte, casi sin sentirlo, hay un ser que vuela junto a mí pero que se mantiene al margen de cada movimiento mío. No me molesta.

55 Minutos:
Se avecina una neblina con fuerza dentro de la nada. Golpea, golpea. Da de lleno sobre el que vuela y lo hace un tanto más visible. No tiene forma, no tiene vida.
Pero lo veo y eso me incomoda, no puedo definirlo en lo más mínimo.

50 Minutos:
Se plantó aquí a mi lado y no le da la gana de moverse. Doy un paso. Allí pasa.
Doy otro, detrás de mí se esconde.
Perdona pero no te conozco, ¿qué eres y qué quieres?
En la nada no sé que función podrías cumplir.

45 Minutos:
Que disculpe este bicho raro mi imprudencia, pero me parece, que sus comentarios están de más. Yo no te creo. No creo en lo que me dices.
¿Qué tiene argumentos convincentes?
Lo reto a hacerme dudar, no hay razón para hacerlo.

40 Minutos:
Te vas un rato, vuelves al siguiente. Ya no se planta fijo como semilla y se encapricha con mantenerse en su lugar. Le he querido preguntar de dónde viene, me dice que no sabe.
Le cuestiono que hace aquí en la nada; responde que nada es algo porque aquí los dos estamos.
¿Te puedo llamar fantasma? Es una pregunta un tanto dudosa, pero me mira con esos ojos que no figuran.
Responde que puedo llamarlo como mejor mis ojos juzguen su figura.

35 Minutos:
Le digo fantasma, cada vez lo distingo más. Menos blanco, más real.
A veces me toca el hombro, otras me susurra al oído.
«Yo existo» reclama cuando le olvido.
«Yo existo y tú no quieres aceptarlo»

30 Minutos:
La mitad de una hora me he pasado hablando con fantasma. Se ha hecho mi confidente seguridad, mi protector.
Fantasma está plantado aquí en la nada conmigo.
Fantasma dice: «Ojalá pudiera irme… pero no quiero»

25 Minutos:
Fantasma y yo hemos aprendido a convivir. Y ahora está ahí, junto a mí más seguido que nunca, gritando, soñando. Jugando a las escondidas.
Pero él sabe que ahora yo sé cómo encontrarlo.

20 Minutos:
Soñé con fantasma, soñé que era real y me veía llorar. Me decía; “te lo dije” y me desperté sudando y con un dolor en el pecho.
Fantasma, ¿por qué? No hay respuesta. Dices: porque me tienes miedo.

15 Minutos:
¿Qué es miedo fantasma? Hoy me hiciste gritar del miedo.
Explotar del miedo.
Llorar del miedo.
Te puedo sentir más que antes, más cercano, más doloroso.
Me haces daño fantasma.

10 Minutos:
¿Te quieres hacer real? ¿Por qué?
Pero yo no te quiero ver real fantasma… ¿debo volverme un fantasma yo para que no duela de esa forma?
Si te vas a volver real entonces no me busques fantasma…

5 Minutos:
Yo no te quería lastimar… quería evitar que me lastimaran.

3 Minutos:
No te pedí que te alejaras. El fantasma lo hizo por mí.

2 Minutos:
Te quería, pero dejó de ser así. El fantasma me enseñó.

1 Minuto:
Y así gracias a mí, el fantasma se volvió real.





Lo anterior no es mío, lo leí hace muchos años en un blog llamado Skyscrapers at Nimmerland desde ese momento y hasta ahora la historia no ha dejado de tener el mismo valor, quizá solo toma más fuerza en mi interior. Dicen que cuando uno lee algo ve en las letras lo que hay dentro de si mismo, dentro de aquello yo veo reflejado demasiado para que no mueva algo en mi.




«Yo existo» reclama cuando le olvido.
«Yo existo y tú no quieres aceptarlo»



Cosas que vibran.

He guardado el nombre original de la entrada, en ningún momento me otorgo derecho alguno sobre la creación del texto.




Imágen de Anne Julie Aubry   
¿Casualidad o destino?

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