El infinito empieza en el segundo paso sobre el cielo.

Es divertido cuando piensas en las vidas entrecruzadas por esta distancia llamada tiempo, pero de nuevo "divertido" no es la palabra correcta. Es sonrisa, de esas rápidas, espontáneas y diminutas, tan diminutas que el viento pronto las esparce y deshace.

Hoy la luna sonreía, como "una sonrisa sin gato"; parece que a la luna también le parece sonrisa.

Entonces cuando deshaces  el hilo que enreda todos esos mundos por los que ni si quiera perteneces te pones a pensar que ya lo has logrado, lo estas haciendo y no te has dado cuenta cuándo, lo estas haciendo de nuevo; el hilo puede enredarse a ahorcar a un par de mundos en el camino antes del final ¿y si no hay un final absoluto? ¿y si el libro del destino está cambiando constantemente? ¿y si no es que aquello no es mas que un mapa y nosotros seguimos viviendo en el territorio lleno de constante erosión?

Y es mejor cerrar los ojos, no pensar en un norte o un sur, no pensar en una rosa de los vientos ni en todo esto como un cerrado planilandia; son esos momentos en los que por un instante al mirar la luna te vacías, te traspasas, son esos momentos en los que podemos rozar el infinito. 


Ilustración: Yoko Tanji

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