El país de las últimas cosas

"Éstas son las últimas cosas -escribía ella-. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de lo que yo he visto, de las cosas que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo

No espero que lo entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas."
-Paul Auster



Si, éstas son las últimas cosas, lo que queda y me siento del mismo modo como si el mundo se fuese destruyendo paso por paso, como si necesitase atarme a las cosas con un cordón para que nadie las robase al parpadear, quizá amarrarme a mi también.

"Todos deberíamos matarnos" dice aquel hombre, "matarnos todos los días, matar lo que somos y re-nacer en alguien más", no se cómo matarme, cómo dejar de ser yo y todo lo que me asfixia día a día. Si en el desastre empiezo a sentirme acompañada mientras me rompo y diseco ¿quién es ahora el que está bajo mi piel?, ¿qué tan alto soy capaz de callar ahora?, ¿cuánto más?.

"Nada perdura, ya ves, ni si quiera los pensamientos en tu interior". y al final "Cada día trae la misma batalla, el mismo vacío, el mismo deseo de olvidar y de no olvidar".

Pero, "En este lugar todo desaparece, tanto las cosas como las personas, los vivos igual que los muertos". Ya falta poco, me digo a mi cada tanto, falta poco, mientras una voz en mi interior me grita ¿porqué tiene que faltar demasiado?.


"Y cuando lo conocí me acostumbre a esperar una gran dosis de confusión cada vez que Boris Stephanovich abría la boca. Era aficionado a los conceptos oscuros y alusiones indirectas, y adornaba las frases más simples con imágenes tan barrocas que siempre me perdía al intentar comprenderle. Boris tenía miedo de que lo detuvieran, y empleaba las palabras como un medio de locomoción, estaba siempre en movimiento, corriendo y desplazándose, desapareciendo y apareciendo en otro sitio poco después."

-Paul Auster

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