Ángeles sin sombra y fantasmas con alas de cera volando hacia la luna.

"Ella se acerca.
Es mejor que apague la computadora.
Ella se acerca.
Tu que estás del otro lado, ¿puedes oírla?"

-Corazón Mecánico, Juan Carlos Quezadas


Decides caminar hacia adelante olvidando que el mundo es redondo y sin dudar volverás atrás al haber caminado demasiado, te detienes un instante y decides colocarte, cambiar una vida nómada por la tranquilidad del sedentarismo, pero entonces descubres que no eres un árbol, no te salen raíces, tampoco eres una enredadera que termina unida a más almas sedentarias que suelen tener más alma de árbol y despojan raíces rápidamente; piensas entonces "quizá soy un ave" cortas hojas de otras almas-árboles, cortas tus pies e incluso tus manos y vas tejiendo todo con tu voz hasta formar lo que crees ser unas bonitas alas de ave en libertad y sin raíces, pero, "ya es demasiado tarde".

No importa, el tiempo se ha agotado y no te rindes, tatúas tus alas a la espalda y ya estas corriendo así sin pies, lo que se resume a mas que una carrera de pies una carrera de pequeños brinquitos irregulares sobre lo que queda de tus piernas; agitas tus brazos sin manos esperando a que tus alas tatuadas imiten su movimiento, la respiración se corta; tú, alma/ave volteas atrás y descubres que los árboles de los que tomaste hojas para formar sus alas comienzan a deshojarse, ¿Quién vivirá ahora entre sus ramas? quizá otra ave, siempre de paso, quizá les duela demasiado y por eso lloren deshojándose, pero no hacen nada, solo se deshojan.

Por otro lado las enredaderas siguen atadas a ti, no pretenden soltarte, se han convertido en seres parásitos en un intento de ser seres simbióticos y tu sabes bien que en el mejor de los casos una relación con aquellas enredaderas terminaría en una especie de comensalismo donde en definitiva tu no serías el beneficiado. Quieres que te suelten, no quieres romper la enredadera que se ve estirada más y más entre más rápido corres a brincos para alzar el vuelo, ellas no se deshojan, deciden suicidarse, deciden que las mates si no planeas vivir para su parasitismo.

Una orquesta tras de ti te dice "vuelve" "no te vayas" la oyes aunque no tengan voz, quieres decir algo pero te has acabado el carrete de voz hilando y tejiendo tus pequeñas alas tatuadas. No hay mas, vas hacia la orilla del desfiladero y abres tus alas de hojas que cada vez se secan más, esperas volar hacia la luna sin pensar en todo lo demás, así que das un ultimo brinco chueco y te entregas al aire.

¿Y qué sucede?, lo esperado, caes, "al parecer tampoco ave", caes, caes a lo profundo, más, más, más, te engulle el agua hasta la garganta, caes, aun más profundo "quizá soy un pez del abismo", sigues cayendo, todo está oscuro y aun sigues cayendo, te das cuenta que hay diferentes tipos de oscuridad, ya no ves nada, no ves tu sombra ni tus alas tatuadas, la oscuridad te ha arrebatado tu sombra y te rodea de la suya, tus alas siguen ahí, sabes que siguen ahí aunque no las veas, las sientes, tiemblan, siguen ahí aunque sean falsas e inservibles, aun caes más, seguirás cayendo más, la zona abisal está más abajo de lo que crees.


"Pero mis alas insisten en abrazar al mundo porque aun no les enseñaron que ya es demasiado tarde"

-Alejandra Pizarnik





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